El resto de la jornada en la oficina transcurrió bajo una neblina de malestar físico y una tensión mental que amenazaba con hacerla estallar. Leidy, su secretaria, notando la palidez extrema de su jefa y cómo se frotaba las sienes cada cinco minutos, entró con paso cauteloso llevando una bandeja pequeña.
—Señorita Leonard, se ve realmente mal —le comentó la mujer con genuina preocupación, dejando una pastilla para el dolor de cabeza y una botella de agua mineral fría sobre el escritorio—. A lo