—¡¿Te volviste loco?! —gritó Elena empujando otra vez a Miles para mantenerlo lejos de Ariadna—. ¡Mírala! ¡La estabas ahorcando!
Ariadna seguía de rodillas en el suelo, tosiendo violentamente mientras intentaba recuperar el aire. Sentía la garganta ardiéndole y el pecho le dolía horrible. Las lágrimas seguían cayéndole sin control mientras trataba de respirar.
Miles pasó una mano temblorosa por su cabello oscuro. Parecía fuera de sí.
—No fue mi intención…
—¡Cállate! —espetó Elena—. ¡Cállate aho