Ariadna tardó varios minutos en lograr dejar de llorar. Seguía sentada en el suelo junto a la cama con la carta entre las manos y el pecho completamente apretado. Sentía los ojos calientes, hinchados, y la garganta le dolía por intentar contener los sollozos. Cada palabra escrita por Dante seguía dando vueltas en su cabeza.
Eres el amor de mi vida.
Cerró los ojos con fuerza.
Todo había sido real.
Dante era real. Amelia era real. Alexei también.
No estaba loca.
Durante días la hicieron dudar de