Dante no respondió al principio. Se levantó de la cama, caminó hasta la ventana, corrió un poco la cortina. La ciudad estaba abajo, llena de luces. Vio su propio reflejo con el de Ariadna en el vidrio.
—Porque te vi sangrando y llorando de dolor y miedo en el baño. —dijo, sin darse la vuelta—. Y hubo un segundo… solo uno… en el que no supe que diablos hacer . Y en ese segundo, Ariadna, todo lo demás se volvió… irrelevante.
Apretó la cortina en su mano.
—No estoy preparado para perder algo que