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El timbre de la propiedad sonó poco después de que Dante se retirara a su estudio. Ariadna bajó a la sala principal con pasos lentos, sintiendo el peso de su vientre y la fatiga acumulada del viaje. Justo cuando llegaba al final de la escalera, la puerta principal se abrió.

Era Elena.

Su madre iba vestida de blanco impoluto, con zapatos cómodos y el cabello recogido hacia atrás de forma sencilla. Ariadna notó, con una punzada en el corazón, que Elena tenía algunas canas más que antes; el tiempo
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