El aterrizaje en París fue rápido y discreto. Al bajar del jet, un coche privado los esperaba a pie de pista para llevarlos directamente al centro de la ciudad. El trayecto se hizo en silencio, con Dante mirando constantemente por la ventana y Ariadna aferrada a la mano de Alexei. Cuando el coche se detuvo frente a una torre de lujo en una de las zonas más exclusivas de París, Dante finalmente habló.
—Este penthouse lo compré hace unos días —dijo él, mientras el ascensor subía directamente al ú