El aire en la oficina de Mateo era tenso, cargado de la certeza de que cada palabra podía ser escuchada. Las cámaras de seguridad, los teléfonos de la empresa, incluso el servidor de correos… todo parecía un oído potencial.
—La junta sobre el presupuesto del próximo trimestre fue… productiva —dijo Mateo, con voz anormalmente alta y neutra, mientras escribía en una hoja: No podemos hablar aquí. Están vigilando.
—Estoy de acuerdo, señor Castellanos —respondió Luna, igual de formal, tomando la hoj