La mansión Castellanos, aquella fortaleza de cristal, se había transformado en una jaula de oro para la celebración del 30º aniversario de Aldería Innovadora. Docenas de personas importantes de Aldería pululaban por los salones, el tintineo de las copas y el murmullo de conversaciones sobre acciones y políticas creando una sinfonía de poder. Javier, sonriente y expansivo, era el anfitrión perfecto.
—No es una invitación, es una orden —le había dicho a Mateo esa mañana—. La traes. La presentas.