Un mes había pasado desde la fiesta. Un mes de investigaciones fantasmas, de comunicarse a través de teléfonos desechables, de reunirse en cafeterías anónimas. La sombra del auto oscuro, aunque no siempre visible, era una presencia constante. Habían aprendido a moverse como espectros en su propia ciudad.
Fue en una de esas mañanas grises del Distrito Sur cuando Luna regresó a la panadería después de llevar a Clara al médico. La escena le cortó la respiración.
La puerta principal, con su campani