Valentina la guio por el pasillo con calma, observando de reojo cada reacción. No quería parecer desconfiada, pero tampoco podía evitar analizarla. Era su casa. Era su hijo.
—Aquí está la cocina —comentó mientras avanzaban—. Y al fondo el jardín. Agustín pasa horas ahí cuando hace buen clima.
Tifanny miraba todo con atención respetuosa, sin tocar nada, sin hacer preguntas innecesarias. Cuando llegaron al dormitorio del niño, Valentina abrió la puerta con una sonrisa casi orgullosa.
El cuarto pa