A la mañana siguiente, el timbre sonó antes del horario habitual. Valentina miró el reloj con el ceño levemente fruncido. Faltaban casi veinte minutos para que Tifanny comenzara su jornada. Se acomodó el cabello y fue a abrir.
Tifanny estaba allí, impecable como siempre, pero esta vez sostenía una caja de herramientas metálica.
—Buenos días —saludó con suavidad—. Pensé en hacer algunas cosas antes de que Agustín despierte. No quería usar el tiempo de él para esto.
Valentina la miró sorprendida.