Valentina se quedó inmóvil, como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso para respirar. La risa de su padre todavía vibraba en sus oídos, distinta a todas las que le había escuchado en esos días. No era cálida. No era protectora. Era áspera. Cruel.
—L-Lo sé… sé que no es fácil sin su dinero… —balbuceó, intentando sostener algo de firmeza—. P-pero quiero demostrarle a mi hijo que puedo ser capaz de hacerlo sola… sin ese hombre…
Su padre volvió a reír, esta vez sin disimulo. El sonido le atr