Valentina despertó con la sensación extraña de haber soñado algo demasiado vívido. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando el techo desconocido, intentando reconstruir los recuerdos dispersos de la noche anterior: el bar, el pasillo, el miedo, aquella voz. Entonces giró levemente la cabeza y lo vio sentado en el borde de la cama, inclinado hacia ella, como si hubiera estado velando su sueño durante horas.
—Buenos días, dormilona. ¿Descansaste bien?
El corazón le dio un vuelco. No h