En el restaurante, Valentina había dejado caer el trapo al suelo.
Su nombre.
Lo había dicho frente a todo el país.
Agustina se acercó y la miró sin comprender.
—Valen… ¿qué está pasando? ¿Estás bien?—
Pero Valentina no podía hablar. La pantalla mostraba el rostro de Sebastián en primer plano, decidido, casi desesperado.
—Valentina —repitió él, mirando a cámara como si pudiera atravesarla—. Sé que me odias. Y tienes razón. Te mentí. Te utilicé. Jugué con tus sentimientos por una estupidez que no