Isabel llegó a la casa con la sonrisa perfectamente ensayada. Apenas cruzó la puerta, Sebastián levantó la vista desde el sofá. Estaba allí, sin hacer nada, como si la hubiese estado esperando.
—¿Cómo te fue con tu padre?
Ella dejó el bolso con aparente tranquilidad.
—Bien. Estaba exagerando como siempre.
Sebastián se acercó, la tomó de la cintura y la besó con cariño. Isabel respondió, aunque su cuerpo permanecía rígido. Entonces él se arrodilló frente a ella y apoyó una mano sobre su vientre