Valentina no podía dejar de pensar en el mensaje de Lucas.
No desde que lo había leído por primera vez, ni desde la segunda, ni desde la décima, como si quisiera que solo fuera una ilusión que se desvanecería.
Pero el texto seguía ahí, inmóvil en la pantalla del celular, como si supiera que ella no tenía el coraje de borrarlo.
“No lo respondas”, se había dicho.
“No le des poder”.
Pero tampoco lo bloqueó.
Eso ya era un error. Uno muy grave. Que le hizo recordar lo débil que era frente a él, qui