Alistair dejó caer su pesada capa de viaje al suelo con un golpe sordo, ignorando por completo el frío residual de la noche que todavía se filtraba a través de sus ropas y calaba en sus huesos. Sus ojos azules, que durante años habían sido descritos por todos como gélidos, distantes y carentes de cualquier rastro de humanidad, ahora buscaban los de Elowen con una urgencia eléctrica que ella nunca había visto antes.
Se acercó a ella lentamente, acortando la distancia física y emocional que los h