Tras la trágica muerte del Rey, la capital comenzó un lento y doloroso proceso de sanación bajo el mando firme de Caspian, quien asumió la regencia provisional mientras la corte organizaba los preparativos para su futura coronación. Alistair se convirtió de inmediato en su mano derecha, en su sombra y su espada, trabajando sin descanso día y noche para limpiar cada rincón de la ciudad de los traidores que aún se escondían en los suburbios. El peso de la justicia recaía sobre sus hombros, pero s