Mundo ficciónIniciar sesiónEl regreso al castillo Blackwood se sintió más pesado que nunca. Cada paso del caballo resonaba como un martillo en mi cabeza. Había cerrado el trato, asegurado mi ducado, pero a un precio que aún no me atrevía a sopesar.
Caspian me esperaba en mi despacho. No dijo nada, solo me observó mientras yo me servía un trago de coñac que me quemó la garganta.
—¿Lo hiciste? —preguntó finalmente.
—El anuncio oficial se redactará al amanecer —respondí con la voz ronca—. La boda será en menos de un mes.
Caspian asintió lentamente. Él conocía mi amor silencioso por su hermana, y sabía el sacrificio que acababa de hacer.
—Alistair... sabes que mi padre te habría dado el ducado de todos modos. No tenías por qué...
—Sí, tenía —lo interrumpí—. Con la condición de que el honor de Albert se mantuviera intacto. Mi padre le dio su palabra al Rey de que este pacto se cumpliría, y yo no seré quien rompa esa promesa.
Al despuntar el alba, un cuervo con el sello de cera negra de los Blackwood partió hacia la capital. El mensaje cruzó los cielos del Norte, llevando consigo el destino de dos familias directamente hacia el Gran Salón del Trono.
En el Palacio de Cristal, el Rey Valerius recibió el pergamino de manos de su canciller. Al leerlo, una sombra de satisfacción cruzó su rostro severo. Él ya esperaba esta noticia; años atrás, el Duque Albert se lo había confesado en privado: "Mi hijo se casará con la hija del hombre que nos salvó la vida, Majestad. Ese es mi juramento".
—Al fin —murmuró el Rey, estampando su sello real de aprobación en el documento—. Albert siempre fue un hombre de palabra, y parece que su hijo también lo es. Que se prepare el decreto. El matrimonio entre el Duque Alistair y Elowen Dawn tiene mi bendición total. Que la ceremonia se realice sin demora.
El Rey sabía que, con este matrimonio, Alistair quedaba formalmente vinculado a su deuda de honor, asegurando la estabilidad del Norte bajo una alianza que la Corona ya había dado por sentada.
Lejos de los salones de audiencia, la Princesa Aurora recibió la noticia poco después. Su corazón se encogió, no por despecho, sino por una tristeza genuina. Ella conocía bien la lealtad de Alistair y la dulzura de Elowen.
—Padre finalmente ha dado su aprobación —susurró Aurora para sí misma, mirando a través del ventanal hacia las lejanas tierras del Norte—. Oh, Alistair... has elegido el honor sobre tu propio corazón. Y tú, mi querida Elowen... espero que seas lo suficientemente fuerte para el frío que te espera en ese castillo.
La noticia no tardaría en recorrer todo el reino: el compromiso era oficial y bendecido por la Corona. Ya no había vuelta atrás.
S.P. Rivers
"En un mundo de deudas, el corazón es la única moneda real".
Sumérgete en el frío y apasionante Norte, donde las deudas de honor se pagan con el corazón y el destino de dos almas choca en un contrato inquebrantable. Descubre la historia de Alistair y Elowen en
B*****t: SP Rivers
con mi novela Contrato de Sangre: una deuda de honor. ¡No te pierdas esta aventura de amor, intriga y pasión!
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