La mansión estaba en silencio cuando regresaron de la reunión con el investigador. La lluvia había cesado, pero el aire seguía cargado de humedad y expectativa.
Lia subió las escaleras con el corazón latiéndole con fuerza. El beso en el despacho aún ardía en sus labios. Por primera vez desde que firmó el contrato, sentía que algo había cambiado de verdad. Ya no era solo deseo reprimido. Era una decisión.
Alejandro la siguió en silencio. Cuando llegaron al pasillo que separaba sus habitaciones,