La mañana siguiente amaneció con un cielo plomizo que parecía presagiar tormenta.
Lia despertó entre los brazos de Alejandro. Por un segundo, todo se sintió perfecto: el calor de su cuerpo, su respiración tranquila contra su cabello, la forma en que la abrazaba incluso dormido. Pero la realidad golpeó rápido cuando recordó el mensaje de Daniel Torres.
Se levantó con cuidado, se puso una bata de seda y bajó a la cocina. Rosa ya tenía el desayuno preparado, pero su expresión era preocupada.
—Seño