La semana de distancia terminó exactamente como había empezado: con silencio y dolor.
Era domingo por la noche. Lia estaba sentada en la terraza, envuelta en una manta suave, mirando la lluvia que caía sobre el jardín. La mansión parecía más grande y vacía que nunca. Cada rincón le recordaba a Alejandro: el pasillo donde casi se besaron, la cocina donde todo comenzó, la biblioteca donde discutieron por última vez.
Su teléfono vibró. Era un mensaje de Alejandro:
“Mañana regresaré a la mansión. L