Diez años después.
Camila acababa de cumplir dieciséis años y la casa frente al mar ya no se sentía tan grande como antes. Ahora parecía pequeña para contener todas las cosas que ella cargaba por dentro.
Estaba sentada en el mismo lugar donde su abuela solía contarle historias, con las rodillas pegadas al pecho y la mirada perdida en el horizonte. El viento le movía el cabello negro, tan parecido al de su padre cuando era niño.
Lia, que ya pasaba los setenta y dos, se acercó despacio con dos tazas