A la mañana siguiente, por más loca que pudiera parecer la situación, la familia De Santis debía desayunar en la mesa. Eso ocurría cuando estaba el heredero en casa. Nadie se atrevería a envenenar la comida porque en cuestión de minutos, el Capo estaría tocando tu puerta para acabar con la vida de quien sea.
La hermandad en la organización era algo que nadie debía romper. Lo que sucedía dentro de las mansiones, quedaba como problemas familiares, pero nadie debía traicionar al Capo y mucho meno