XVII- La Virgen del Mafioso.
—¡Tienes que salvarla! —le apuntó con su arma la cabeza a una doctora.
—Capo, debe esperar aquí afuera. Deje que nosotros revisemos el estado de Aysel para poder proceder —le informó nerviosa—. Tiene el pulso muy débil y no debemos perderlo. Si usted nos sigue deteniendo, ningún médico podrá hacer su trabajo.
Fabrizio tragó grueso, asintió y bajó el arma.
—Si Aysel no se salva juro por la memoria de Sofía que ustedes estarán muertos —los sentenció a muerte.
—Se hará...
—Hasta lo imposible si us