No me gustaba en absoluto la idea de dejarla sola con mi familia, en la casa, y mucho menos en un momento como este, donde todo parecía pender de un hilo invisible que solo yo podía sentir. Sin embargo, me vi obligado a hacerlo. Mi padre, con esa autoridad silenciosa que siempre ha sabido imponer, aseguró que él no podía encargarse de aquel asunto, que era demasiado complejo, que requería de mi presencia inmediata. Y, sinceramente, no lograba entenderlo. ¿Qué tan complicado podía ser determinar una cifra exacta para vender una colección a Hawái? Era un negocio más, una negociación como tantas otras. Nada que justificara arrancarme de su lado justo ahora.Y aun así, ahí estaba yo, sentado en ese despacho frío, rodeado de papeles que no me interesaban, fingiendo concentración mientras mi mente estaba en cualquier otro lugar menos allí. Porque lo único en lo que podía pensar era en ella. En Natasha. En mi esposa.Solté un suspiro largo, cansado, y dejé que mi mirada se perdiera en la pant
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