Un Santuario de Cristal y Sombra
El silencio dentro del Bentley blindado era un bálsamo suntuoso contra la oscuridad áspera del bosque que dejaban atrás. La cabina, forrada en cuero de la mejor calidad y con paneles de madera pulida, era un santuario insonorizado que olía a ozono y a la colonia masculina de Elías, una fragancia de sándalo y peligro contenido.
Ariadna, exhausta por la adrenalina y la revelación apocalíptica, se acurrucó contra el hombro del Alfa. Él la había cubierto con un cash