El precio de la Luna
El aliento de Kiam, caliente y dulce, había desaparecido de la proximidad de su oído. La frase, "Porque me enamoré de la luna de mi peor enemigo", flotó en el aire helado del callejón, tan incomprensiblemente hermosa como cínicamente cruel. Ariadna sintió que la tierra se abría bajo sus pies. En ese instante, su mente se dividió en dos: una mitad en shock por la confesión, la otra gritando la urgencia de la vida y la muerte.
—¿Qué demonios significa eso? —balbuceó, retroced