La Luna Enemiga
El aire gélido del callejón era denso, pegajoso con el hedor a basura y el miedo. Ariadna sintió el frío de la pared de ladrillo contra su espalda, un contraste brutal con el calor ominoso del cuerpo imponente que la acorralaba. Era Kiam, su silueta alta y esbelta recortada contra la penumbra de la calle a sus espaldas, con sus ojos color esmeralda brillando como dos linternas en la oscuridad. Había corrido a buscar respuestas de Elías y, sin saberlo, se había precipitado direc