El estrés terminó por quebrar la resistencia de Farah. Sabiendo que Alaric estaba fuera en un viaje de negocios, se sentó en la alfombra de la biblioteca con una copa de vino. El alcohol le soltó el llanto y, con las manos temblorosas, marcó el número de Alina.
—¡Es un parásito, Alina! —sollozaba Farah—. Me usó por años y ahora quiere que le robe información a Alaric. ¡No puedo traicionar a la única persona que me ha cuidado!
—¡Farah, cuéntale a Alaric! —gritaba Alina desde el otro lado—. Él ti