La mañana del viernes se sentía diferente, vibrante. Farah decidió que, tras semanas de auditorías intensas y tensiones corporativas, necesitaba un respiro antes de su gran cita. Se tomó el día libre en la empresa y condujo hasta el barrio de Alina. Necesitaba a su amiga, necesitaba una voz que no hablara de márgenes de ganancia ni de logística.
En la pequeña sala de Alina, el tiempo parecía haberse detenido. Afuera, el ruido del tráfico y la vida acelerada del barrio humilde continuaban, pero