El lunes amaneció con el sonido del motor de un coche de lujo estacionándose frente a la casa. Un chofer de uniforme impecable bajó del vehículo y entregó un paquete voluminoso a David, padre de Farah. Cuando ella bajó a la cocina, se encontró con una caja que no necesitaba remitente.
Al abrirla, Farah soltó un suspiro. Dentro estaba su cafetera favorita de la mansión, junto con varias cajas de las cápsulas exactas que a ella le gustaban para su primer café de la mañana. No había una nota román