El sábado amaneció con un cielo gris que parecía presagiar el cambio radical que estaba por ocurrir en la vida de Farah. Mudarse a la mansión de Alaric Grimaldi no era solo un cambio de dirección; era entrar en la boca del lobo con un contrato bajo el brazo.
Cuando el coche negro de Alaric se detuvo frente a la imponente estructura de acero y cristal, Farah sintió un escalofrío. La propiedad era un museo de modernidad y frialdad, todo era impecable, caro y silencioso, como si el aire mismo est