La frase quedó suspendida en el aire del estudio como una promesa sin cumplir. Alaric no terminó de decir lo que fuera que estaba pensando; en su lugar, se limitó a mirarla con una intensidad que Farah sintió hasta en los huesos antes de dejarla ir.
Esa noche, ella no durmió. Se encerró en su habitación, ignorando los latidos desbocados de su corazón, y se sumergió en los datos de la tesis hasta que el sol empezó a filtrarse por las cortinas.
El domingo amaneció con un silencio inusual, roto d