Se sentó frente a mí en la isla de la cocina de Marion a las once de la noche, apoyó las manos sobre el mármol y me miró. Yo la miré a ella y teníamos los mismos ojos, la misma barbilla y catorce años de silencio, cosas que se interponían entre nosotras como el tiempo.
—Empieza desde el principio —dije.
—El principio —dijo— es hace treinta y cinco años. Antes de ti. Antes de Matt. Antes de tu padre. —Miró sus manos—. Antes de todo esto.
—Entonces empieza por ahí —dije.
Levantó la vista—. Tenía