Marion dejó el teléfono sobre la isla con mucho cuidado.
La forma en que dejaba las cosas cuando sentía algo tan intenso era demasiado para su manera habitual de desenvolverse en el mundo: lenta, deliberada y completamente controlada. Lo observé y sentí la cocina, la mañana y las doce horas flotando en el aire entre nosotros, como algo con temperatura.
"Cuéntamelo todo", dije.
"Alguien tiene a Sofía y a Leo", dijo. "Doce horas".
"¿Qué quieren?", pregunté.
"No lo dijeron", respondió. "Dijeron do