Dije lo que dije.
Lo supe en el momento en que se cerró la puerta, lo supe de la misma forma en que uno sabe ciertas cosas que no se pueden ignorar, con la claridad específica de un hombre que había pasado catorce años siendo preciso con el lenguaje y que acababa de usar esa precisión para hacer algo que no iba a poder retirar fácilmente.
Me quedé en el pasillo con la mano aún sobre la puerta que había dado un portazo y escuché esas palabras flotando en el aire entre mí y lo que había al otro