CAPÍTULO VEINTICUATRO (Elena) Puedo hacer lo que quiera.
Maya llamó al mediodía.
«Dime que no estás ahí sentada en ese ático», dijo a modo de saludo, que era la forma que tenía Maya de preguntarme si estaba bien, lo cual quiere decir que no era sutil ni pretendía serlo. «Dime que estás haciendo algo con tu cuerpo que no sea simplemente estar ahí sentada en los muebles caros de otra persona».
«Estoy bien», dije.
«Elena».
«Estoy perfectamente bien, estoy genial, la verdad es que los muebles son muy cómodos».
«Las chicas te echan de menos», dijo, y la o