CAPÍTULO TREINTA Y CINCO (Marion) De rodillas. 🔞
La dejé correrse.
Se corrió con las manos crispadas en los reposabrazos y la espalda arqueada, y mi nombre en la boca de una forma que nunca podría borrar, todo su cuerpo temblando bajo mis manos y sus muslos temblando contra mis palmas y su perfume por todas partes, y la sostuve durante cada segundo de ello porque se merecía cada segundo de ello y llevaba tres semanas y cuatro días pensando en dárselo y no iba a apresurar el final.
Me quedé donde estaba hasta que los temblores cesaron.
Entonce