Sí, aparentemente mi vida alcanzó su punto álgido al aceptar ser la stripper personal de un jefe de la mafia, porque aquí estoy, de pie frente al edificio más ridículamente caro que he visto en toda mi existencia en bancarrota.
Probablemente los zapatos del portero cuestan más que mi alquiler y, un momento... ¿eso es mármol? ¿Quién pone mármol en el exterior de un edificio? Los psicópatas ricos, ellos.
—¿Señorita Esteban? —El portero me sonrió como si yo perteneciera a ese lugar. Spoiler: no p