Buenos días oficial- Constanza fue la que abrió la puerta, sus muchachas estaban descansando y ella había despedido a todo el servicio que tanto la había ignorado todos esos años.
-Señora Ludovi...- el sonriso de Constanza desapareciò y lo interrumpiò amablemente.
-Llameme Madame Maidalkini, por favor- volviò a fingir la sonrisa, con la mandìbula contraìda y enderezàndose para parecer màs alta.
-Madame, he venido a hacer la inspecciòn mensual- el oficial debìa contar cuantas chicas vivìan