El sol se levantó temprano esa mañana, los rayos empezaron a pelliscar las mejillas de Elizabeth, esa noche no había dormido bien, por alguna razón los casos de los caballos que arrastraban un carruaje, imposibles a esa hora de la noche, la habían despertado más de una vez, como si en el salón principal hubiera tenido lugar una fiesta y ella no hubiera sido invitada. Los parpados se abriron suavemente, intentando no ser agredidos con demasiada violencia por aquella luz agresiva que entraba por la ventana, la vista desenfocada solo vió una sombra azul oscura antes de que el corazón acelerara y su mente pensara de saltar fuera de la ventana por el susto.
-Oh, Constanza- se sentó como la rapidez de una niña pequeña que había apenas visto a su mejor amiga llegar a jugar.
- te asusté? - rió delicadamente mientras se sentaba en el borde de la cama destendida, si no la hubiera conocido tan bien hubiera pensado que era solo la consecuencia de una noche de sueño placentero, pero no, Constan