La noticia del nacimiento llegó primero a Celestina, quien la recibió a través de un mensajero. - Buenos días, poseo una carta para Sor Celestina. Su hermana le escribe buenas nuevas - dijo el joven. Celestina abrió la puerta, observó su piel oscura, quemada por el sol, y sus cabellos negros encarolados. Finalmente se detuvo en sus ojos negros y profundos, que le robaron el alma. - La señora Panfili le envía esta misiva, Sor Celestina - dijo, inclinando la cabeza y entregándole la carta. -Llámame Celestina, mi hermana me llama así - susurró, rompiendo al menos esa barrera y buscando intimidad a la distancia. - Celestina… hermoso nombre - respondió, sonriéndole. - Gracias - respondió Celestina. Su corazón latía con fuerza, deseando preguntarle su nombre, su historia, sus secretos. Por primera vez se sentía viva, curiosa. Él era la tentaciòn prohibida, justo eso de lo que le habían dicho que debía escapar. Pasaron semanas antes de que alguien tocara de nuevo las puertas d
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