Constanza llegó al convento cuando los rayos del sol ya quemaban sus mejillas, las visitas se habían hecho màs comodas desde que su tía había renovado las celdas de visita, aunque en su opinión debía intentar recibirla en sus aposentos donde seguramente las sillas tenían almuadillas màs cómodas.
-Hace demasiado tiempo que no venías a visitarme- dijo con un puchero que hizo evidente cada nueva línea que su rostro había creado en esas semanas que ahora, mirando sus ojos caídos parecían años.