El estruendo de la puerta debió resonar en toda la casa porque Francisco sintió la corriente del viento en su cara justo después de ver la silueta de Constanza justo delante de sus ojos. Casi la pudo tocar y abrazarla y decirle que nada más importaba si no eran ella y ese bebé, pero Consranza no estaba lista para escuchar palabras hermosas y consuelo. La noche pasó demasiado lento mientras Francisco se revolcaba en esa cama que ni siquiera era la suya, aunque lo que menos hechaba de menos era la cama, extrañaba el calor de Constanza, su piel suave que esa noche no podía acarisiar. Tenía que hacer algo, y.....él ya lo sabía.
Cuando tocaron a la puerta de Rebecka ella no pudo evitar saltar del susto. Seguro la medianoche ya había pasado desde hacía algunas horas y no estaba del todo segura si decir que era demasiado temprano o demasiado tarde. La questión era que a ninguna persona descente se le hubiera ocurrido tocar a esa hora.
-Oh- y de seguro no se esperaba a la persona más re