CAPÍTULO 95: LA VIDA QUE CALLARON
Maddison
Al día siguiente vuelvo al despacho de Jonathan con el estómago hecho un nudo. No he dormido, apenas he comido, y aún siento las palabras del investigador repitiéndose en mi cabeza: “creo que encontramos algo.” No quiso dar detalles por teléfono, solo me pidió que fuera cuanto antes. Y aquí estoy, sentada frente a una pantalla, con las manos heladas sobre las piernas, conteniendo la respiración como si eso fuera a prepararme para lo que está por venir.