Maddison
El aire huele a polvo y promesas viejas. Me siento como un fantasma mientras recorro este lugar apartado que Andrew insiste en mostrarme. Es una casona antigua en las afueras de la ciudad, rodeada de encinas centenarias que proyectan sus sombras largas sobre el sendero de piedra. Claire camina a mi lado, sosteniendo su bolso. Andrew va delante de nosotras, entusiasmado, señalando los detalles con esa sonrisa suya que empieza a parecerme demasiado perfecta.
—¿No es precioso? —dice Andre