Las camionetas avanzaban a toda velocidad por la carretera oscura mientras el ruido de los motores llenaba el interior del convoy. Nadie hablaba demasiado. El ambiente era pesado, tenso, cargado de esa sensación que aparece justo antes de que algo terrible ocurra. Santino iba sentado en la parte trasera de la camioneta principal, con un brazo apoyado sobre la puerta y el otro sosteniendo el arma entre sus dedos. Su mirada estaba fija en la carretera, pero su mente… su mente estaba lejos de ahí.