Después de varios minutos el auto principal de Santino se detuvo frente a la escalinata y, segundos después, Santino bajó del vehículo.
El hombre llevaba el mismo traje oscuro de la boda. Había humo en sus manos, el puro aún encendido entre los dedos. Su rostro no mostraba ni una sombra de culpa. Solo la quietud arrogante de quien ha cumplido su venganza a medias.
Estéfano lo seguía a pocos pasos, con la mirada fija. Santino se quitó las gafas lentamente y caminó hacia el interior. Su andar re