«Ahora todo gira en torno a Carmen. ¿Yo? ¿Tu esposa? Ya ni siquiera importo. Quizás debería irme...».
«No lo hagas». La voz de Bastian era firme. «Te amo. Solo necesitamos el bebé de Carmen. Eso es todo. No me preocupa ella, me preocupa el bebé».
Verella apartó la mirada. Le dolía, aunque entendía la lógica. No podía tener hijos, así que ahora tenía que compartir a su esposo. La idea de otra mujer en su cama la ponía enferma. Pero ¿qué otra opción tenía? Era la única manera.
—Lo entiendo, Basti